utorak, 26. siječnja 2010.

JARDINES DE AGAVES AZULES


APUNTES PICTÓRICOS DEL VIAJE DE TONI FRANOVIĆ - REFLEJO DE MÉXICO EN EL MAR ADRIÁTICO

JARDINES DE AGAVES AZULES

LOS LUGARES DE PEREGRINACIÓN DEL PINTOR TONI FRANOVIĆ, DE ZAGREB, SON EL CASTILLO MIRAMARE CERCA DE TRIESTE, LA RESIDENCIA VERANIEGA EN LA ISLA DE LOKRUM FRENTE A DUBROVNIK, EL CASTILLO DE CHAPULTEPEC, LA CASA BORDA Y LA MISTERIOSA CASA DEL OLVIDO EN CUERNAVACA, ASÍ COMO EL «PALACIO DE PALMIŽANA» EN LA ISLA DE SVETI KLEMENT.

Los jardines junto a los palacios, hoy día célebres jardines botánicos, desde hace ya un decenio que para Franović son unos lugares santos que él visita con asiduidad, donde él reside durante meses, los estudia y los pinta.

Su exuberante colorido, siempre nuevo y jamás agotado, el pintor sigue transponiéndolo en centenares de lienzos... Unas veces son estudios de verano en los más estridentes colores solares: amarillos, naranjados, rojos, o bien un rosa pálido o, al contrario, muy vivo. Otras veces son amaneceres melancólicos o atardeceres violeta, con planas de color turquesa o azul oscuro y negro del crepúsculo y del anochecer, igual que unos nocturnos sentimentales, siempre en sordina.

Los mencionados jardines nos son muy familiares y cercanos pero, al mismo tiempo, son muy lejanos. Son también célebres hábitats de una flora exótica y multiforme, de maravillosos colores y floraciones, que habíamos visitado o de cuya existencia nos habíamos enterado a través de lecturas.

Lo que tal vez no sabíamos es que todos esos jardines habían sido creados por el mérito y bajo la influencia del archiduque Maximiliano de Habsburgo, una de las figuras más carismáticas del escenario histórico mundial. Nació en el año 1832 en el grandioso palacio Schönbrunn en Viena, pero –desgraciadamente– como un hijo segundo, esto es como hermano menor del futuro emperador Francisco José. Así el destino le deparó una vida en la sombra, y sin embargo era más alto, más bello, más atractivo, más divertido que su hermano regio. En la corte austrohúngara se murmuraba que en las venas de Maximiliano corría la sangre francesa, la peligrosa sangre de Napoleón Bonaparte, y que él en efecto era el fruto de los amores prohibidos da la archiduquesa Sofía con el príncipe von Reichstadt – Napoleón II, un hijo que Napoleón Bonaparte había tenido de su segunda esposa María Luisa de Austria, esto es – que era un huevo de cuclillo dentro del gran imperio austrohúngaro. El supuesto padre, el heredero varón de Napoleón Bonaparte, nació en 1811 y murió en 1832, es decir al cumplir apenas los 21 años de edad. Vivía exilado en Viena. Se dice que estaba enfermo, pero ¿quién sabe? Tal vez fue envenenado o asesinado. Es que Europa aún no se recuperaba de las sangrientas conquistas emprendidas por quien había sido su padre – aquel «cabo» y el futuro emperador francés. Pero los palacios guardan sus secretos.

LA PALOMA BLANCA

A Francisco José, que no era exactamente un emperador muy amado, le inquietaba la posibilidad de que en las venas de su hermano menor corriese la enemiga sangre francesa, así que trataba de mantener a Maximiliano cuanto más alejado de su palacio en Viena. Le otorgaba títulos y confiaba encargos que también se le quitaba sin previo aviso. Le nombró gobernador de Italia y almirante de la armada de los Habsburgo para poder contraer matrimonio, el 27 de julio de 1857, con Charlotte, la hija única del rey belga Leopoldo y que aún no había cumplido los 17 años de edad, pero que era una de las princesas más ricas y más bellas de Europa. Gracias a su dote, el esposo –de 25 años de edad– construyó con piedra blanca su palacio de sueños sobre un acantilado rodeado del mar.

Lindos, jóvenes, ricos… Al mundo entero lo tenían a sus pies... pero sin coronas en sus propias cabezas, cosa muy añorada por la archiduquesa. A Maximiliano no le quedaban grandes posibilidades de elección. Junto a una esposa tan ambiciosa, que deseaba el poder, él –soñador, romántico y aventurero como era– sin duda alguna se dejó arrastrar en la aventura mexicana, que para él acabaría muy pronto de una manera trágica. El colorido, las maravillas, la turbulenta historia, la belleza salvaje y exótica de aquel país lejano lo embelesaban tanto que no quiso ver unos hechos clarísimos – que se trataba de un país pobre en medio de una guerra sangrienta, donde varias huestes luchaban entre sí para hacerse con los beneficios, y donde el pueblo –no pudiendo soportar más el oprobio y la miseria– se amotinaba siguiendo a su héroe Benito Juárez. ¿En dónde terminaban la credulidad y la falta de realismo y en dónde empezaba la vanidad de unas personas mimadas e intocables, según la opinión de las mismas?

Sin las instigaciones de Charlotte, tal vez Maximiliano se hubiera quedado viviendo en sus palacios haciéndolos aun más suntuosos. hubiera visitado el globo entero, se hubiera hecho una envidiable carrera científica, hubiera construido nuevos palacios en el mundo, creando maravillosos jardines botánicos, viviendo plenamente hasta alcanzar una vejez tranquila y apacible. Además de preludios y óperas, también hubiera escuchado su canción favorita La Paloma, que –gracias a su destino trágico– se convertiría luego en la canción más popular del mundo entero y que ya durante 140 años sigue siendo tocada en todos los continentes. Al haber aceptado de una manera totalmente arbitraria un reino exótico, y –como él se convenció a sí mismo– «por la voluntad del pueblo mexicano», así aceptó también una guerra para la cual no tenía talante y en la que se encontraban en conflicto los intereses de los franceses, los norteamericanos, los mexicanos ricos y los insurgentes pobres. Su propia entronación, que el pueblo mexicano no deseaba, al igual que su muerte trágica, se las habían urdido todas las monarquías europeas, con la complicidad de su familia entera que –por varios motivos– lo sacrificaría con suma facilidad.

Su esposa Charlotte en vano buscaba auxilio en las cortes reales de Europa. «Que Vuestra Majestad se libre de las ilusiones», le avisaba Napoleón III; y el papa Pío IX le prometía una oración por sus almas. Eso la empujaría hacia la locura, de modo que –en los 60 años enteros que sobrevivió a su esposo matado– sin embargo creía que él aún seguía gobernando en México.

Maximiliano fue fusilado sólo tres años después de su pomposa y majestuosa entrada en Ciudad de México, en mayo de 1864.

Al posar en el balcón del enorme palacio de Zócalo de la capital mexicana, la joven pareja –probablemente fascinada por los interminables fuegos artificiales– despejó sus propias dudas y se lanzó en la nueva vida, en su nuevo reino... Pero su vida regia sería muy breve. Se encontraron implicados en un conglomerado de todo tipo de inconvenientes. Cuando él comprendió la sinrazón de su propio destino imperial, le ordenaron que se quedara, por honor, que se sacrificara en nombre de la tradición. Ataviado con su magnífico uniforme, distribuía los cequines a quienes lo iban a pasar por armas. Dicen que pidió que le tocaran La Paloma.

«A mí el anhelo me lleva hacia el azul foráneo, debajo de mí el mar, encima de mí la noche y las estrellas, ante mí la vida. Así me lleva el viento de la vida, no llores hijo mío, en vano son las lágrimas, ya viene el final...»

Muy teatral todo eso. Como si el telón iba a bajar, como si las balas iban a ser falsas, y como si el héroe iba a salir a la escena aplaudido por el auditorio. Sin mbargo, no hubo aplausos. Tan sólo el destello de la salva disparada con tal ímpetu que su uniforme se quemaría.

Se murió mirando los contornos con jardines de agaves azules. Cayó dando con la cara al suelo. Un oficial dio vuelta al cuerpo mutilado que se crispaba todavía, levantó la espada y le transfijó el corazón, el 17 de junio de 1867, en Querétaro, en el Cerro de las Campanas cubierto de troncos secos de los cactos. Desde hacía mucho tiempo que él mismo ya había apuntado en sus propios versos que se moriría en un cerro: «...auf einem Berge will ich sterben...».

Él amaba los jilgueros, los colibrís, los papagayos, la naturaleza en sus formas más salvajes, la baja costa de Albania habitada por jabalíes, la asoleada España y –más que nada– el Mato Grosso, la última región virgen de Brasil. Sin embargo, más que nada el quería el mar, esa superficie infinita con amaneceres mágicos y noches revestidas de estrellas. Miramare –que mira el mar– así él llamó su palacio, bello como un sueño y erguido sobre los acantilados del golfo de Trieste. (C.M. Mayo)

«Ein Wind weht von Süd und zieht mich hinaus auf die See. / Mein Kind sei nicht traurig, tut auch der Abschied weh. Mein Herz geht an Bord und fort muß die Reise gehen / Dein Schmerz wird vergehen und schön wird das Wiedersehen

Mich trägt die Sehnsucht fort in die blaue Ferne.

Unter mir Meer und über mir Nacht und Sterne. / Vor mir die Welt.

So treibt mich der Wind des Lebens. / Weine nicht, mein Kind, die Tränen sind vergebens./

La Paloma - ohe!

Einmal muß es vorbei sein./ Nur Erinn'rung an Stunden der Liebe bleibt noch an Land zurück./ Meine Braut ist die See,/ und ihr kann ich nur treu sein.

Wenn der Sturmwind sein Lied singt, / dann winkt mir der großen Freiheit Glück.

La Paloma ohe...»

La Paloma – una música dulzona y sentimental, la habanera... un hombre joven y apuesto, en maravilloso uniforme, en sangre... Por piedad por el emperador difunto, en los barcos austriacos sería terminantemente prohibido tocar esta canción.

La muerte de Maximiliano conmocionó al mundo entero. Marcaba el final de la época colonial en América Latina, época iniciada por Carlos V de Habsburgo.

COLECCIONISTA DE LOS CONTINENTES

«Hoy Maximiliano conmueve al mundo no tanto por el sensacionalismo de su muerte trágica como por las proporciones gigantescas de sus intereses y méritos científicos.

Tanto la política de Maximiliano como también el destino de Maximiliano eran meramente la obra de un coleleccionista que coleccionaba los continentes, al igual que las mariposas u otras muestras científicas, y que conquistaba los imperios para poder 'ahondar la historia por algún milenio'.

Para él Lokrum era un trozo del territorio en que lo atraían las maravillas de la naturaleza y las profundidades de la historia; es más –toda isla tiene la circunferencia de un imperio.

En cualquier caso, desde que ya a partir del año 1850 empezara a navegar en cruceros por el Mar Adriático, el archiduque austriaco señaló muchas localidades croatas convirtiéndolas en parte importante de su historia. La inolvidable navegación de la fragata Novara –cuya misión científica, emprendida por iniciativas del propio Maximiliano, durante dos años iba uniendo al mundo– en efecto terminaría en Gruž.

El 21 de agosto de 1859 la fragata fue conducida del estrecho de Messina por el remolcador Lucía, y allí el día 22 de agosto se encontró con la corbeta Dandolo y con el yate a vapor Fantasía, a bordo del cual ya estaban esperando Maximiliano y Charlotte. También forma parte de la historia de Dubrovnik el gran banquete celebrado aquella noche a bordo del Dandolo», escribe Dra Željka Čorak en su trabajo «Sobre Lokrum en Europa Central».

No más llegar a Lokrum, Maximiliano se aficionó de esta isla cerca de Dubrovnik. Todo su entusiasmo lo empleó para arreglarla y para construir allí su palacio, así como para crear un jardín botánico. Era una afición idéntica a la demostrada en el caso del castillo de Miramare.

Miramare es la obra mandada construir por «un mecenas culto y decidido que no se contentaba sólo con unas indicaciones vagas, sino que también se adentraba en las particularidades de la organización de su planta, de la modelación de sus volúmenes, en los detalles de sus interiores y, en especial, entraba en los pormenores de aquellos elementos arquitectónicos que debían sugerir la índole y el ‘estatus’ del edificio y de sus deseadas reminiscencias históricas» (Dra Željka Čorak).

La biblioteca de Miramare –en la que Maximiliano suele pasar muchos ratos– es enorme y llenísima de libros raros, obras de viaje y trabajos científicos. Allí su esposa pinta y se dedica a la música. Allí él escribe sus libros de viaje, apunta sus observaciones científicas, redacta su poesía y prosa.

Lo que importa sobre todo es su relación con el mar. Maximiliano prestaba mucha atención al que desde todas las ventanas se pudiera contemplar el piélago. Los aposentos del castillo llevan la marca del mar: Salón de la rosa de los vientos, Salón de gaviotas; su gabinete «de a bordo» y su dormitorio son modelados como cabinas de una fragata.

«Este traslado del espacio ‘flotante’ a un contexto ‘estático’ se deriva de una fe inconmensurable en el poder de la metáfora. Basta decir ‘como si’ para que algo sea ‘efectivo’. El capricho de Maximiliano puede reflejarse en la inocente continuidad del pueblo de María Antonieta, pero sin embargo él traspasa la frontera del juego, llegando así en donde ya empiezan a titubear las convenciones de la realidad.

Otro hecho del que cabe acordarse uno es que en el castillo de Miramare ni un solo vidrio original es blanco y tampoco deja pasar la luz natural. Todos ellos son levemente empanados con matices del color amarillento o violeta, es decir del color del amanecer o del crepúsculo. Eso es también el apartarse de una convención realista que supone el transcurso del tiempo. No sólo que se puede elegir y hacer parar el espacio, sino que también es posible elegir y hacer parar el tiempo.

El amanecer y el crepúsculo por supuesto que son momentos de la ambigua relación de la luz y de la oscuridad, cuando no se sabe qué es lo que se mueve y en qué dirección. En cuanto momentos privilegiados de los ensueños, en el castillo de Miramare durante todo el día ellos se encuentran constantemente en poder y en una resistencia simbólica frente a las leyes de la naturaleza» (Dra Željka Čorak).

Ocupar el espacio y hacer parar el tiempo… ¿No es acaso eso el papel de un artista?

EL SALTO DE LAS GOLONDRINAS EN EL PRECIPIO DEL FUTURO – LAS OASIS ENCANTADAS (EL CASTILLO DE CHAPULTEPEC, LA CASA BORDA, LA CASA DE LA INDIA BONITA)

Las residencias mexicanas de Maximiliano, cuyos interiores los iba adornando con los artefactos más excelsos de la tradición artística y artesanal europea, sus parques –en los que mandó plantar esmeradamente la flora exótica procedente del mundo entero– hoy día son unas de las más visitadas destinaciones turísticas en México, el país que lo proclamaría traidor del pueblo mexicano, condenándolo a la pena capital y ajusticiándolo. Sin embargo –entre la felicidad por un nuevo criadero de bellísimas mariposas, de mirlos o de colibrís, por el florecimiento de unas flores raras– también firmaba órdenes de ejecutar, de matar a cualquier insurgente arrestado, y eso sin juicio y sin poder aspirar el reo a una amnistia. Lo que él tenía en exclusiva era su propio marco de la realidad y que él mismo aceptaba. Todo lo demás ocurría o no ocurría en algún sitio fuera de su propio tiempo y espacio.

El Castillo de Chapultepec en el Cerro de los Saltamontes está en medio de un bosque, a 2325 metros de altura sobre el mar. Maximiliano invitaba allí a los mejores arquitectos europeos y mexicanos que fueron reconstruyendo el edificio en un palacio suntuoso. Sobre el tejado fue plantado un jardín. Bajo la supervisión estricta de los botánicos más renombrados y del emperador en especial, las plantas llegaban de las partes más exóticas y las más alejadas del mundo entero. Hacia el centro el emperador mando construir el Paseo de la Emperatriz, que todavía sirve como vía de comunicación pero, por supuesto, con un nombre distinto.

«Desde la terraza del castillo, aun cuando el día está cubierto de niebla, la vista es magnífica. En la época de Maximiliano el cielo era azul y las vertientes de los volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl estaban cubiertas de nieve y asoleadas.» (C.M. Mayo)

Mientras paseaba por las terrazas de su castillo, ante él se extendían los vastísimos espacios de verdura... Idénticos a los piélagos marinos de color esmeralda. Movido por esa belleza, decía que su castillo mexicano debería cambiar de nombre, que habría que llamarlo Miravalle, igual que su amado castillo Miramare.

Sin embargo a menudo se ausentaba de su castillo Chapultepec para dirigirse a la otra de sus residencias, La Casa Borda en Cuernavaca. Desde Ciudad de México hasta allí hoy día se conduce alrededor de una hora y media, y al emperador en aquel entonces le hacían falta dos días enteros de viaje en su tren pintoresco.

«Aquel tren lo constituía una docena de mulas blancas como la nieve, cada una de ellas idéntica a las demás por su forma, por su estatura y por su color, siendo aderezadas todas con unos decorativos paños azules... El cochero, los acompañantes y los lacayos estaban ataviados con uniformes con motivos de cuadraditos y adornados con botones de plata, sus cabezas cubiertas con anchos sombreros grises. Ese tren le gustaba mucho a Maximiliano, pero también a los demás. Siempre que se iba a Cuernavaca o que se volvía de allí, entusiasmaba a los indios reunidos para admirar aquel tren de mulas blancas que pasaba a su lado dejándolos sin aliento», la emperatriz Charlotte escribe asi a la reina francesa Eugenia.

Aquel pintoresco tren blanco se desplazaba escoltado por tropas. En sus alrededores se vertía la sangre.

Cuernavaca es llamada la región de la primavera eterna porque allí la temperatura constante es de unos 22 grados. También la llaman la región de los árboles, ya que su clima agradable favorece a la vegetación muy exuberante. La residencia de Maximiliano y el ya existente jardín botánico, La Casa Borda, cada día se hacen más brillantes. Allí la pareja imperial organiza grandes y suntuosas fiestas, cultivando permanentemente los interiores y los exteriores de su residencia.

Allí él construye, adorna y del mundo entero trae muebles, decoraciones y plantas; invita a botánicos, jardineros, arquitectos, artistas... En sus alrededores se está llevando a cabo una lucha sangrienta. «El emperador, que aquí me hace compañía, está disfrutando en Cuernavaca porque aquí puede trabajar tranquilo. Para él eso es Plombières o Biarritz...»

De veras se está perfectamente en la sombra fresca de las grandes palmeras, bugenvilas y helechos gigantescos, así como entre los numerosísimos árboles y plantas. De ello se puede convencer quienquiera sale de paseo por el gran parque... Yo mismo lo hice y aún no me lo olvido. Siempre cantan los pájaros, tanto los domésticos como los importados. Los colibrís, ruiseñores, pavos reales, faisanes..., numerosas fuentes, los lagos, los bosques...

En el jardín rebozante de las más raras orquideas Maximiliano hizo construir otra casa, sólo para sí mismo, habiéndose «olvidado» añadir los aposentos para su consorte. Por eso el pueblo llegaría a llamar ese edificio La Casa del Olvido.

Eso no obstante, Maximiliano no se olvidó hacer construir en el jardín otra residencia para su amante india, su flor lindísima... Allí pasaba más tiempo que en su propia residencia oficial. Aquel edificio lo llamaron La Casa de la India Bonita. En esta casa ahora se sitúa el museo. En la pared hay un cuadro que representa al apuesto emperador con su amante.

¿Y cómo la emperatriz comentó aquel episodio romántico? Se dice que todavía en Miramare, aquel su maravilloso castillo de los sueños, los consortes ya tenían separadas sus camas matrimoniales. La joven princesa belga anhelaba la corona y el poder; el joven archiduque prefería verse como una especie de Indiana Jones – viviendo unos intervalos de silencio, dedicándose a estudios en su enorme biblioteca con la vista al mar o paseando por las estupendas alamedas fragantes, interrumpiendo esa vida con unas expediciones de gran riesgo en las misteriosas y apenas conocidas regiones del mundo, encontrando allí algo novedoso e importante para el progreso civilizacional del Oeste. Tales fueron sus investigaciones en las selvas de Brasil.

Se cuenta que la joven emperatriz, en búsqueda de auxilio y ya embarazada, se dirigió a Europa y que dio a luz un hijo, cuyo padre supuestamente era el barón Van der Smissen, pero ¿quién sabe lo que es cuento y lo que es verdad? Numerosos secretos se encuentran enterrados para siempre en los anaqueles de las monarquías europeas. Lo que se sabe a ciencia cierta es que le arruinó espiritualmente el rehuso de auxilio al que se veían expuestos ella y su marido. Seguiría viviendo cada vez más rica, pero sin estar consciente de sí misma ni de nada del mundo circundante. Eran una pareja maravillosa, igual que unas plantas maravillosas – ella viviendo aunque muerta de espíritu, y muerto él aunque su espíritu vivaz seguiría durante mucho tiempo poblando las cortes europeas, cambiando los acuerdos, alterando las alianzas e interrumpiendo las relaciones diplomáticas.

EL TRÁNSITO DEL LAGO DEL OLVIDO

Él mismo quedó siendo un gran enigma. Inteligente, virtuoso en sus juicios, refinado, y –por de pronto– aquella su decisión de marcharse a México. ¿Acaso andaba tan desesperado, como una majestuosa avestruz con la cabeza metida en la arena y encima de la cual destallaban las salvas de cañones?

Pudo abdicar, vivo y sano pudo huir o zarpar en su fragata Novara al ver que su aventura mexicana se convertía en una farsa fatal. Pudo seguir viviendo en lujo como cualquier ex emperador, uno de los muchos que había en aquel entonces, «pero precisamente en el momento de llegar a Vera Cruz él decidió volver. En su mente, dentro de su corazón, Maximilian von Habsburg era un caballero valiente, era el emperador de México», escribía la autora Sara Yorke Stevenson que en aquella época residía en México.

¿Es que no hizo más que prestar oídos a los cuentos de su esposa y de su madre sobre el honor y el deber? O tal vez él mismo iba creando la historia, algo que quedaría cuando él ya no esté, con igual empeño que había demostrado construyendo Miramare para los futuros visitantes quienes, en base a lo que quedaría, irán juzgando a la persona que dejaba todo eso.

«Yo soy Mexicano» − «Mexicans, may my blood be the last to be spilled for the welfare of the country; and if it should be necessary that its sons should still shed theirs, may it flow for its good, but never by treason. Long live independence! Long live Mexico!» - «Que mi sangre sea la última que se derrame en sacrificio a la patria; y si fuese necesario algunos de sus hijos, sea para el bien de la nación, y nunca en traición de ella.»

También existen otras versiones de sus últimas palabras antes de caer fusilado. Inmediatamente después del evento trágico, esas palabras fueron repetidas por un mexicano, el doctor Reyes, quien había presenciado el fusilamiento, por lo que sus palabras parecen ser las más verosímiles.

En aquella mañana remota, tan remota, en el día de su muerte, ante unos 3000 soldados, el joven emperador pronunció unas orgullosas palabras de amor dirigidas al país que él mismo no comprendía y que lo había rechazado.

«Al ver cuán magníficamente sabía morir, nos hemos olvidado del mal gobernante que él había sido.»

«Before the figure of Maximilian of Austria, from the time when he took command of his little army and resolved to stand for better or worse by those who had remained faithful to his fallen fortunes, all true-hearted men must bow with respect. From this time forth his words and acts were noble; and in his attitude at this supreme moment, his incapacity as a chief executive, his moral and intellectual limitations as a man, are overlooked. We forget that he was no leader when we see how well he could die.», según reza otra cita de Sara Yorke Stevenson.

Después de muchas negociaciones diplomáticas, el capitán Wilhelm von Tegetthoff –el gran vencedor de la batalla de Vis (1866)– transportaba el cuerpo mutilado del emperador para darle sepultura en el panteón familiar.

«El salto de las golondrinas en el precipicio del futuro», pasando por «el lago del olvido» − así concluye la novela histórica sobre el emperador mexicano, titulada «From Mexico to Miramar or Across the Lake of Oblivion», gracias a la cual la escritora C.M. Mayo ganó prestigiosos premios de periodismo.

Luego de ver ejecutar los peligrosos saltos desde los altos acantilados de La Quebrada en Acapulco, a los espectadores les parece larguísimo el tiempo que ellos pasan esperando a que en la superficie del mar resurja la cabeza del valiente saltador, aunque en realidad todo eso no dura más que algunos segundos.

Sin adquirir todavía marcos verdaderos y el merecido interés, un siglo y medio ya se prolonga la espera a que Maximiliano, emperador de México, resurja como científico, botánico, autor de libros de viajes, constructor, coleccionista de los continentes y de sus riquezas espirituales y naturales, tejedor de nuevos saberes globales… En los 35 años de su existencia, al igual que en los meros tres años de su estancia y de su «gobierno» en México, él ha legado al mundo una magnífica estela histórica.

Por las bellezas de la naturaleza y, también, por el destino trágico del joven emperador, hoy día la gente del mundo entero acude peregrinando a los jardines de Maximiliano en México. En la actualidad su personalidad carismática se convierte también en un importante factor económico para México.

LA MALDICIÓN DE LOS BENEDICTINOS

En Lokrum muchas cosas también acabaron en «el lago del olvido».

«La residencia veraniega de Maximiliano en la isla de Lokrum es precisamente uno de los monumentos de cultura con los que Dubrovnik fija su posición sobre el nuevo mapa de Europa. La residencia de Maximiliano, junto con el contiguo edificio destinado a la guardia y con el cultivado paisaje en sus alrededores, constituye un monumento excepcional de la arquitectura histórica, no sólo en la región de Dubrovnik sino también en Croacia entera, ya que por sus valores es uno de los más destacados monumentos de cultura de la Europa del siglo XIX», escribe Dra Željka Čorak.

Ni siquiera en su lejano imperio extraeuropeo –donde tuvo que ocupar muchos otros cargos, en medio de guerras sangrientas y ejecuciones– Maximiliano tampoco se olvidaba de su residencia veraniega frente a Dubrovnik, pues fue buscando unas soluciones arquitectónicas nuevas, más audaces y más atractivas. Las buscaba entre los más renombrados personajes de la arquitectura mundial que en aquel entonces no estaban disponibles aquí.

«Existe una acuarela del año 1867, representando una vista panorámica de ese complejo y firmada por el arquitecto Segenschmidt. La residencia actual casi por completo corresponde a una pequeña parte de ese enorme complejo tal y como fue proyectado para cubrir y aprovechar al máximo todo el recinto del antiguo monasterio. Es posible suponer que, en el proyecto global, Segenschmidt se conformaba con el segmento construido ya, probablemente con la participación personal del inversionista.» (Dra Željka Čorak)

Después de la Segunda guerra mundial, el jardín de Lokrum seguía vegetando, o mejor dicho, muriendo. Sin embargo llegó a sobrevivir, en parte por el amor y el celo del botánico Dr. Lav Rajevski, nacido en 1910 en Izmail (Besarabia). Todavía nadie se ha ocupado seriamente de su vida y trabajo... Del jardín de Lokrum también se ocupaba el renombrado arquitecto-paisajista Dr. Bruno Šišić de Dubrovnik, pero todo eso es poquísimo en comparación con lo que se merece tal complejo de fama internacional.

Luego vino otra guerra, con manuscritos y documentos incendiados, reduciendo cada vez más las imágenes del pasado. Nadie ya puede contar exactamente lo que había ocurrido.

Lokrum posee lo que hace falta tener para convertirse en una Meca a escala mundial: la figura carismática del emperador mexicano, un bellísimo palacio, un parque exuberante, además de... una maldición.

La leyenda de la maldición benedictina concierne a todos los propietarios y beneficiarios futuros de ese paisaje paradisiaco, no obstante que vengan con buena o con mala carma, con donaciones verdaderas o falsas. Esa maldición terrible la echaron los monjes cuando los hicieron abandonar la isla.

«Maldito sea quienquiera desembarque en Lokrum por su placer personal.»

Por orden de un general francés, los miembros de las familias aristocráticas Gozze, Pozza y Sorgo tuvieron que clausurar el monasterio benedictino en Lokrum, que estaba allí desde el año 1023. Los benedictinos fueron expulsados, con la prohibición permanente de volver. Al oír el mandato, los monjes celebraron la última misa en su iglesia de Santa María, formaron una procesión nocturna con velas encendidas y dirigidas hacia la tierra. La cera goteaba sobre el suelo mientras ellos repetían su terrible maldición andando por el interior de la isla.

Dice la leyenda que su maldición empezó a realizarse muy pronto. Uno de los tres aristócratas de Dubrovnik se precipitó desde la ventana, el segundo desapareció en el mar, al tercero lo mató un sirviente. El capitán Tomašević llegó a ser propietario de Lokrum, pero por súbita bancarrota tuvo que vender el islote al soñador y entusiasta que fue el archiduque Maximiliano, quien quiso fijar allí su segunda residencia...

El buque Trito había estallado cerca de Lokrum. En 1859, ejerciendo su cargo de comandante supremo de la armada de la monarquía austrohúngara, Maximiliano acudió en navío para bendecir las almas de los marinos perecidos.

Así pisó el suelo maldito. Vio la magnífica naturaleza, los vestigios de aquel monasterio del siglo XI, quedó impresionado por el silencio y las fragancias del espeso bosque aromático. Después de pasar la noche en la pequeña celda monasterial, decidió comprar la isla de Lokrum.

En cuanto propietario de este nuevo paraiso, empezó a plantar palmeras, cipreses, aloes, laureles, naranjos y limoneros, lirios y rosas, eucaliptos y agaves. Pobló la isla con canarios, papagayos, pavos reales; importó la vainilla y el nopal. Leía a Heine, hasta muy tarde por la noche junto con su joven esposa tocaba el piano a cuatro manos. A sus amigos les escribían que eran la pareja más feliz de la tierra. Sin embargo, ya conocemos su suerte.

La isla de Lokrum fue ofrecida a la venta, pero durante mucho tiempo no hubo compradores interesados. Un nuevo comprador, el «conte de Polisa», un tal Dujmović de Poljica, pronto hizo quiebra financiera total. Y asi seguido... hasta el malaventurado Rodolfo, el hijo único del emperador Francisco José, quien con su esposa Estefanía pasó sendos días románticos en la isla disfrutando en medio de su belleza, pero –eso no obstante– el corazón lo llevaría hacia la lindísima María Večera. Al mundo le chocó pronto la noticia del suicidio sensacional de los dos amantes en Mayerling, una tragedia que nunca sería completamente aclarada.

Se cuenta que la reina Elizabetha, la popular Sissi, cuando se enteró de la maldición, quiso devolver la isla a los benedictinos. En un viaje de vuelta desde Corfú, llegó a Lokrum. Los benedictinos rehusaron su oferta. Puesto que no quería seguir perdiendo a los miembros de su familia –pues ya había perdido dos de ellos– donó la isla a la ciudad de Dubrovnik, bajo la condición de que siempre pudiera recuperarla alguien de la familia real austriaca.

Y, en efecto, la quiso otra Elisabetha, la princesa Windischgraetz. Ambas personas regias de mismo nombre tuvieron una suerte fatal. A la reina Elisabetha la asesinó por error el anarquista italiano Luigi Luccheni, y la princesa disparó contra un bailarín, amante de su propio esposo, en un bar nocturno de Praga.

Después de 700 años la dinastía de los Habsburgo perdió el trono.

Y así seguido... Podríamos ir enumerando los cuentos terribles sobre el temario de la isla de Lokrum: trágicas historias de amor, accidentes fatales entre la servidumbre, desapariciones inexplicadas. Todo eso lo colmaba el misterio del islote que siempre volvía a ser atractivo por su extraordinaria belleza. Su maldición era casi más poderosa que la de los faraones.

Sobre los secretos de Lokrum y de Dubrovnik escribe Dr. Marko Margaritoni en su interesante libro titulado «Dubrovnik – between history and legend».

Los vengativos benedictinos, el naufragio del rey de Inglaterra – Ricardo I Corazón de León, la bellísima Sissi, el romántico suicida y asesino Rodolfo con la linda María Večera... son esos los nombres que llenan la historia mundial conduciéndonos a los escenarios en los que se produjeron algunos eventos relativos a los personajes más célebres y los más ricos. Y aquí reaparece el carismático emperador Maximiliano con su palacio y con su jardín en Lokrum, creados ésos por los mejores arquitectos y constructores del siglo XIX.

La linda y ambiciosa Charlotte –princesa de Bélgica, archiduquesa de Habsburgo y emperatriz mexicana– quedaría castigada con 60 años de demencia por haber pasado en la isla una vida tan placentera... Dicen que en las noches de verano el viento trae los tonos de su música...

«Toda una serie de fenómenos nuevos en el estudio y la valoración del siglo XIX europeo muestran que el valor arquitectónico y la importancia de la residencia veraniega de Maximiliano no son ni deberían ser contestables. Sobre este caso nos parece particularmente interesante apuntar la atención que Italia recientemente presta en especial al castillo Miramare y a sus alrededores...

¿Por qué no adoptar lo que anhela Europa entera, lo que se redescubre, lo que recobra cierta importancia?

¿Por qué no exhibir el lugar en el que, de una manera característica, se entretejen la historia de la ciencia y la historia del sueño y de la locura?

Maximiliano pereció dos veces al menos. La primera vez por las balas en México; la segunda vez, en fechas recientes, cuando su busto y el de Charlotte fueron defenestrados. El hecho de encontrarse en el mar, corroídos por sal y cubiertos de algas, ya los convirtió de historicismo a historia, tal vez distinguiéndose así de aquellas figuras procedentes de los remotos y auténticos siglos medievales, que le inspiraban tanto a la gente de la época de Maximiliano.

¿Por qué no aprovechar la leyenda que conservaría fielmente el edificio, la isla y la ciudad? Sería seguir el modelo de nuestros vecinos directos o más alejados. Allí, tómese como ejemplo el hecho de que más de 3 millones de personas visitan anualmente los castillos del extravagante Ludovico de Baviera.» ( Dr. Željka Čorak)

Un medio siglo del terror comunista y del estado totalitario, con su desprecio por el trabajo y la vida humana, llegaron a destruir los valores históricos. El refugio de Maximiliano en Lokrum quedó empobrecido, despojado de objetos de valor. En el bellísimo atrio, a la gente, sentada en sillas de madera, la rodean las paredes revestidas con imitaciones de madera. Por doquier se ve el plástico barato. ¿Dónde están colgados ahora los lujosos grandes candeleros con mil cristales? ¿Dónde están los grandes espejos dorados que rodeaban todo ese espacio, multiplicándolo al infinito? ¿En dónde han parado los cuadros, los tapices, los candeleros, la vajilla, los muebles, las esculturas... que constituían el inventario de tantos castillos, palacios y residencias?

«E QUINDI USCIMMO A RIVEDER LE STELLE» (Dante)

Gracias a Maximiliano, Croacia obtuvo también otro parque, que –si bien desordenado, poco estudiado y carente de sistematización científica– por su originalidad, riqueza y belleza es de gran atractivo para los turistas del mundo entero. Se trata del «jardín Palmižana» de la familia Meneghello en Sveti Klement, el mayor de los islotes del archipiélago de Hvar. Los extranjeros estiman que es uno de los más bellos del mundo.

La idea de crearlo nació en Lokrum, en el parque de Maximiliano. Hace más de cien años que comenzaron a plantarlo. Alrededor del año 1800, los propietarios antiguos de la familia Meneghello ya habían empezado a repoblar los terrenos pedregosos de sus posesiones con plantas tales como el romero, el piretre, los olivos y viñedos. Pero el proyecto profesional del parque se debe a uno de sus herederos, al botánico Eugen Meneghello, nacido en 1876, quien trabajaba en Dubrovnik y quien arregló el parque sobre un terreno de más de tres millones de metros cuadrados en su posesión. Se trata de un proyecto elaborado con criterios rigurosos y dignos de aquel profesor de diseño técnico y de ciencias, aficionado de botánica.

Los parajes alrededor del «palacio de Palmižana» −en efecto, una residencia familiar, sencilla, de una sola planta, elegante, de piedra recubierta con argamasa rosada, construida antes de 1820− fueron destinados para un jardín exótico, con flores exóticas, cactos, plantas suculentas y palmeras. En los terrenos más fértiles se preveía el cultivo de uva, olivos y almendros, de prados... y en lugares asoleados, de lavándula y piretre.

Para tener sombra, en las grandes superficies pedregosas el profesor empezó a plantar árboles mediterráneos: encinas, cipreses, madroños, laureles, ruscos y pinos. Las plantas exóticas se las traían del mundo entero sus alumnos, capitanes de marina. Él mismo las adquiría en Dubrovnik y en Padua, probablemente también en Lokrum. En 1906 también enraizó allí el turismo –una planta casi desconocida en estas regiones– pues el profesor deseaba que muchas otras personas disfrutaran igualmente en sus maravillosos jardines.

«Desde el momento en que fundara su albergue, llevaba un Registro de huéspedes, del cual se evidencia que a Palmižana tempranamente habían comenzado a acudir muchos viajeros exigentes, en su mayoría unos globetrotters muy cultos que no tardarían en darse cuenta de que las vacaciones en Palmižana no eran una lucha contra la naturaleza sino una armonización con ella, que los largos paseos con el profesor no eran un ejercicio físico sino unas verdaderas actividades botánicas, que la pesca representaba la vuelta a la civilización perdida de la antigua Grecia y, también, que Meneghello ejercía la caza de perdices y faisanes siguiendo todas las reglas caballerescas medievales...» (Slobodan Prosperov Novak)

Una escopeta con incrustaciones de plata, igual que una espada, la familia las heredó de Jérôme Gaugiran, uno de sus ancestros franceses y el boticario de Napoleón Bonaparte, quien había llegado a Hvar en 1807 y se quedó allí. Fue precisamente él quien les había hecho conocer a los Meneghello la destilación fraccional, un procedimiento todavía desconocido en esas partes de Europa, así que ellos pronto abrieron una factoría para procesamiento de plantas aromáticas.

En 1859, mientras el archiduque Habsburgo navegaba por el Mar Adriático, es más que seguró que debió de visitar las tranquilas calas del archipiélago de Hvar pasando muvhas noches anclado en ellas. Aunque el edificio del Palacio de Palmižana ya figuraba en los mapas de la empresa Lloyd austriaca dibujados en 1851 por Guiseppe Rieger, es probable que Maximiliano no sabía que en aquel entonces, precisamente en esta isla, una familia procedente de Hvar y de Venecia con su producción cubría más de la mitad de las necesidades de plantas aromáticas y de esencias vegetales de todo el imperio de los Habsburgo.

El 20 de agosto de 1838 fue inaugurada la línea de transporte marítimo entre Trieste y Kotor. La mayor compañía naviera, fundada en 1836 y que unía el Mediterráneo con el Oriente, contrató al artista triestino para dibujar –afín de satisfacer las necesidades de los pasajeros– todos los puertos y atracaderos, islas y costas. Así se hizo «Panorama della costa e delle isole di Dalmazia nei viaggi dei piroscafi del Lloyd Austriaco – Trieste, 1850». Aunque, plegado, era un librito pequeño, desplegado medía hasta unos diez metros de largo.

En aquella época la familia Meneghello era opulenta, poseía la factoría «Quintessenza», la primera farmacia en Hvar, los olivares y numerosas fincas en toda la isla –pues eran los herederos únicos de la familia Bervaldi– igual que las dos terceras partes de la isla Sveti Klement. A sus hijos los educaban en Dubrovnik y en Hvar; en Viena y Padua estudiaban para ser profesores, notarios y farmacéuticos.

Inspirado por todas las buenas ideas del siglo XIX y por los poderosos y vecinos centros culturales, el profesor Eugen, en su gran finca de Palmižana, quiere emular el jardín de Maximiliano. De Lokrum , de Padua y del mundo entero, los barcos de sus alumnos, cadetes de la Academia naval, a Palmižana traen ejemplares raros de plantas exóticas que allí crecen y se reproducen sobre los pedregosos terrenos de Dalmacia.

Sus sueños fueron brutalmente interrumpidos.

En 1947 el gobierno comunista le expropía casi todas sus posesiones, y los mezquinos y omnipotentes dirigentes comunistas locales destruyen el jardín en un islote sin agua y cultivado con tanto celo. En cuanto miembro de una familia que durante siglos trabajaba acumulando bienes de padre a hijo, como seguidor de una tradición, fue declarado enemigo del sistema totalitario, por lo que fue conducido a la muerte, ahorcado.

Sus propias obras culturales y científicas y las de sus familiares, con las que habían obsequiado a la comunidad entera, cayeron en olvido. Todo ha quedado sólo en lo profundo de los corazones de sus herederos. Éstos, aunque empobrecidos, resistiendo continuamente tratan de recuperar las posesiones, salvar lo que aún les quedaba, enriqueciendo y conservando el jardín tan valioso... en miedo perpetuo, bajo un constante asedio.

El jardín de Palmižana, jardín de los recuerdos y del olvido, es un carisma trágico.

Los maravillosos jardines de recuerdos enterrados y de esperanzas siempre resucitadas, jardines del amor, jardines de la muerte – jardines de los agaves azules.

LAS SIRENAS DE PALMIŽANA – UNOS SERES DE LAS PROFUNDIDADES EN BÚSQUEDA DE LUZ

Las sirenas maravillosas, cústodes de un paisaje maravilloso de unas plantas aun más maravillosas. Puestas sobre las columnas del portal que no se abre a ninguna parte – ni es de entrada ni es de sálida de la finca, el jardín que ni comienza ni tampoco termina allí, perdido en medio del bosque.

Unas pesadas sirenas de hierro con colas de vidrio variopinto, cada una de sus escamas siendo una imagen de vidrio que cambia según avanza el sol, ya en la sombra, ya expuesta a la luz y a los rayos que penetran entre los pinos seculares. El confundente, admirable experimento de Toni Franović: quemando, coloreando, inflando, rompiendo las superficies de vidrio, soldándolas, modelándolas con fuego y calor entre el punto de fundirse y el punto de congelarse, transformándolas en materia sólida... y, con otra remodelación, obtiene otra superficie llana, colorada, espesa, que vive con la luz y se muere eon la oscuridad, entre los colores del crepúsculo y del amanecer.

La entrada en unos dominios artísticos totalmente nuevos.

La entrada en unos domicilios nuevos y unas destinaciones que por de pronto se convierten en algo real y visto ya. Ésta es la sensación de una realidad irreal, o bien la sensación de una irrealidad real. Es como marchar en medio de un bosque, en la oscuridad total. La entrada por la que se accede al jardín de agaves azules, a las ideas carismáticas de Maximiliano, al proyecto y al sueño del profesor.

Perfumes narcóticos, pociones narcóticas, afrodisíacos, opiatos fuertes o dulces, venenos letales, bellísimas flores. Exuberantes plantas de formas de globo, cilíndricas, triangulares, obtusas, agudas, como espadas... Sendas flores, floraciones racimosas y nulticolores como del espectro solar.

Bugenvilas violetas, rojas, naranjadas, agapantos de un color azul de la realeza, lavándula de color violeta claro, plumbago azul claro, fragantes jazmines blancos de distintas procedencias, campanillas de yuca con hojas afiladas y jugos que bullen al calor del sol. Daturas blancas o amarillas, y brugmansias sonrosadas – plantas principales de los brujos, reyes y dioses. Con su ayuda, uno vuela por las noches y bajo las estrellas. Dicen que algunos se quedaron para siempre entre las estrellas y que no volvieron jamás.

Laureles, inocentemente blancos o de color rojo oscuro, rosáceos, amarillos, bermejos, simples o dobles, sobreviven y florecen sin temer el calor de los rayos del sol – en todo jardín, en cada camino, en cualquier suelo cerca del mar. Son de hojas, bayas y raíces venenosas – terribles y perfectamente letales.

La pasiflora de bayas suculentas – la flor de la pasión.

La mimosa Karroo de verano, la acacia horrida, el huaranguillo de grandes copos amarillos y flores levemente aromáticas, con enormes espinas. Con ellas los beréberes y los demás pueblos de desiertos cosen a las niñas después de mutilarlas en la llamada circuncisión faraónica, o sea, la infubulación. Las flores amarillas se marchitan convirtiéndose en bayas y, en la mayoría de los casos, las chicas jóvenes se mueren. Si logran sobrevivir, están sufriendo durante toda su vida...

Las enormes colas de agaves, como mástiles o semejantes a un corvo arco iris en una fila de atenautas. El agave de sisal tiene una floración y un color diferentes. Los agaves florecen después de muchos años y luego desaparecen. Alrededor de ellos, decenas y miles de plantitas nuevas, jóvenes y recién brotadas.

Nuevos opiatos para el cuerpo y el alma. El agave azul se guarda cuidadosamente y crece sólo en México, más exactamente sólo en el territorio del estado de Jalisco. De un modo bastante complicado se fabrica el tequila, una bebida mexicana de nombre registrado. El genuino aroma en él lo conserva el gusano. Mucho antes de que los españoles –en 1521– conquistaran, sometieran y pillaran México, con la médula de esa planta y de otros agaves (que hay más de 400 especies) los habitantes locales producían ya sus bebidas tradicionales, el pulque y el mezcal. Oaxaca era el centro de las mejores destilerías. Además de agaves, excepto el único agave azul –que está desapareciendo por la exagerada intervención humana en su natural desarrollo biológico– los mexicanos obtienen los opiatos también de otras especies de cactos, tan característicos de sus paisajes. Bebidas narcóticas fabricadas de esos gigantes verdes, con púas peligrosas, que sobreviven en los suelos extremamente parcos y que sufren las máximas amplitudes de la temperatura, desde aquélla bajo el cero hasta los aplomos calientes del sol.

Nopales son como unos platos espinosos de formas y colores variados. Pueden ser pequeños arbustos rampantes pero también árboles que alcanzan cinco metros de altura. Constituyen verdaderos bosques. Con su jugo los antiguos pueblos mexicanos narcotizaban a los que iban a sacrificar antes de desollarlos vivos.

Para invocar la lluvia y para dirigir plegarias a sus dioses o para el beneficio de la comunidad.

Se vertían arroyos de sangre, y su olor dulzón se confundía con el olor dulzón de los cactos...

No pudieron salvarlos, ni tampoco podrían salvarnos a nosotros ni siquiera tantas víctimas sacrificadas con tal derrame de sangre, ni tampoco esas costumbres tan crueles...

Los pueblos desaparecen, los cactos permanecen extendiéndose por el mundo.

WELTSCHMERZ ENTRE LAS FRAGANCIAS DE LO EXÓTICO

Los cactos, los encontramos en todas partes. En pequeñísimas macetas, sobre las estanterías de los grandes almacenes, por un precio muy modesto. Están tan apartados de la naturaleza que nunca se sabe, aunque fuera en época de total quietud –ni al comprarlos, ni al echarlos– si eran artificiales o genuinos. Los hay en hábitats calientes de algunos jardines de Dalmacia, en otros hábitats asignados en vidrieras cubiertas de las arboledas privadas o públicas, donde se conservan también algunos ejemplares gigantescos y verdaderas rarezas botánicas...

En el año 1458, el nopal ya lo menciona Petar Hektorović al describir su jardín palaciego de Tvrdalj en Starigrad, en Pesca y diálogos entre pescadores, la más conocida obra croata de la época renacentista. El poeta obtuvo el nopal de un amigo suyo de Dubrovnik, adonde la planta había llegado traída por algún navegante, mercader o aventurero quien volvió a Dubrovnik después del larguísimo vagar por mares lejanos. Tal vez vino de Padua, del jardín botánico más antiguo del mundo. Su creación en 1545 se pone en relación con el cultivo de plantas medicinales. Las gloriosas campañas de conquista, emprendidas por la República de Venecia, enriquecieron aquel jardín botánico con maravillosas plantas procedentes de los lejanísimos y apenas conocidos países del mundo. Su primer director científico era un tal Luigi Squalemo, alias Anguillara.

Mucho más relevante para nosotros es el botánico Roberto de Visianni (Šibenik, 9 de abril de 1800 Padua, 4 de mayo de 1878), un botánico croata de origen italiano y que durante muchos años –desde 1837 hasta su muerte– era director del jardín botánico en Padua. Escribió la obra en tres grandes tomos, titulada Flora Dalmatica. En ese libro estudió 2250 especies y unidades taxonómicas menores, describiendo por primera vez 60 especies y 5 géneros nuevos de plantas, y también apuntaba nombres croatas y latinos, habiéndose destacado sobre todo en la horticultura. También algunas plantas recibirían los nombres en su honor: un hisopo (lat. Satureia visianni) y la verónica austriaca (lat. Asperula visianni). Cerca de Klis en 1847 descubrió una planta endémica – la campanilla dálmata. Al visitar la isla de Lokrum, allí pudo estudiar el jardín de Maximiliano y descubrió unas 90 especies exóticas. Fue enterrado en su patria, en Šibenik.

El jardín botánico de Padua tiene un papel clave para el estudio científico de la flora y de la vegetación exótica, rara y amenazada en el mundo entero. Es particularmente importante para Croacia porque a su influencia se debe la afición por el estudio de la naturaleza. Además del cultivo de las plantas y el control de su crecimiento, se inauguraban bibliotecas, se llenaban los herbarios, las plantas se clasificaban y dibujaban con sus rasgos específicos.

En el mundo entero, muchas personas fueron sacrificando todo su tiempo libre y sus riquezas a las plantas, creando magníficos jardines, volviéndose artificialmente a la naturaleza. Los grandes románticos del siglo XIX ahogaban su tristeza, el Weltschmerz, en la fragancia de flores exóticas.

Los arbustos, las malezas, los árboles de las colinas pétreas y en las calas de la finca de Palmižana. Los arrugados limones de Dubrovnik, la redondez y el color marrón de naranjas amargas. El verano, los días y las noches de verano, el claro de luna. La luna llena, ora ascendente, ora descendente, con su aura de plata extendida sobre la superficie del mar.

Y canta, canta la cigarra en el abeto oscuro... en el gran pino negro dálmata (lat. pinus pinea), cargado de piñones. En el pino carrasco, entre las hierbas malas y sobre el noble olivo... En una treintena de especies de altas palmeras siempre verdes, en palmas de Sagú, en las fitolacas que acumulan el agua...

Por doquier aloes, como árboles, cuajados de flores, con floración de color naranja y amarilla, de hojas suculentas que acumulan el agua y que hasta seis meses pueden vivir sin lluvia o riego.

La aguja de Cleopatra aguanta bien la sequía, pero las hortensias azules y bermejas tienen sed constante. Dondiego de noche abre sus flores por la noche y dormita durante el día.

En medio del verano, en los hábitats que dan al sur, se abren las pitahayas de olor intenso y con flores enormes que superan unos 30 centímetros, blancas y amarillentas, con inmensas corolas. Por la tarde son capullos, a medianoche son un lozano placer para los ojos, y amanecen marchitas, a menudo caídas al suelo, convertidas en desechos, imperceptibles casi...

Por la noche, mientras la bella de noche florece, las demás flores desaparecen en medio de lo azul, confundiéndose con la noche, y en el aire están flotando unos olores penetrantes y pegajosos...

Los jardines de agaves azules. Los jardines de amor y de olvido, los jardines de los amantes de lo verde, quienes los creaban, plantaban y guardaban con pasión, disfrutando en ellos... hasta que el tiempo, más o menos largo, y el destino se les permitían tal privilegio. Algunos jardines sobrevivieron, y muchos no.

Nuestra historia de esos dos grandes aficionados de plantas mediterráneas y exóticas, ambos botánicos apasionados y seguidores de la tradición, que conocieron un igual fin trágico – fueron conducidos a la muerte y matados. Los dos claman por la revitalización de su labor en esas partes del mundo.

«Tal vez se constate un día que los impulsos de la memoria y del olvido se acompasan rítmicamente con la historia. En este juego de contrastes, el siglo decimonono es una verdadera víctima del veintésimo porque si el siglo veinte puso en algo tanto celo, empeñándose tanto y manifestando tanta voluntad, era precisamente el esfuerzo de hacer olvidarlo todo – olvidar los antiguos sistemas de signos, los significados anteriores, los valores del pasado.» (Dra Željka Čorak)

Muchos nombres de quienes habían ideado esos jardines quedaron impresos en el viento, al igual que desaparecerían también sus jardines. Sus almas a veces parpadean en las noches como un susurro leve de las alas de murciélago, lo que se produce cada vez menos. Es que hoy, en el siglo XXI, estamos mirando sólo hacia adelante. Los murciélagos también se hacen menos numerosos ya que no pueden sobrevivir sino en un ámbito límpido y libre de contaminaciones.

En el jardín de Palmižana merodea el alma del difunto profesor Eugen Meneghello.

Si el alma del profesor merodea tranquila y apaciguada, es porque el jardín se conserva, lozano y crecido gracias al celo de sus vástagos. O, al contrario, es tal vez infeliz y presa del pánico por lo que les pueda pasar a sus familiares, quienes lo iban siguiendo en su amor,¿ y qué vida y qué fin pudieran ellos tener?

«El CUADRO EN FLORACIÓN, EL PINTOR EN EL PARAÍSO»

No sabemos si más arriba hemos descrito el jardín de Palmižana, aquel paisaje de Sveti Klement, o bien si son descripciones detalladas de los cuadros de Toni Franović.

Franović pinta unos lienzos grandes y de colores vivos o nocturnos. Pinta óleos con pinceladas espesas, de colores amarillos, naranja, rojos, turqueses, azules, morados, casi negros. A veces parece que se está ahogando en la sabrosidad del colorismo, que se hunde, pero al fin se libera y, lleno de autosuficiencia, añade una última pincelada - «el cuadro en floración, el pintor en el paraíso», al decir de Nikola Albaneže.

En sus cuadros hay palmeras, palmas de Sagú, aloes y agaves. Y por doquier se vislumbran bultos de los seres humanos – negros y trazados casi con el simbolismo del dibujo infantil. Es un señalamiento del paradisiaco jardín terrestre creado con una pasión humana.

Es ésta una pasión que es algo como brasa, violencia, añoranza, ira, amor, sufrimiento amoroso, vertidero de sentimientos.

Como centro del cuadro lujoso lleno de vegetación exuberante, si no se trata de figura humana, entonces asoma un trozo apenas perceptible del tejado, o una silla vacía que espera a su propietario.

En pleno mediodía se vislumbra algún trocito de una casa rodeada de nopales, de riquísimo color verde, que por la noche cobra matices azules y morados. Pintó, aunque siempre de manera totalmente distinta, centenares de cuadros con esta misma escena. «Ésta todavía no es mía», dice el pintor. Y luego se vuelve hacia el mar.

Está pintando la isla blanca, rosácea y turquesa, negra – un refugio como el de Santa Elena o algo semejante a la campaña citérea. En el cuadro, la isla sirve para encerrar la infinidad del piélago marino, acercándola al alcance de las posibilidades humanas. Es como una confirmación de lo conquistable, una barquita frágil en la superficie del mar, cosa que él vuelve a pintar trazando siempre con el simbolismo de dibujo infantil.

«La Ítaca pictórica de Toni está en el Mediterráneo, un punto de salida de las culturas de Europa. El propìo pintor lo siente mejor; hasta la vegetación reacciona así en su presencia. Metafóricamente, se establece cierta osmosis imaginaria cuyo resultado es un cuadro sobre la armonía colorista. El color es portador del contenido y de la atmósfera, la expresión y el motivo del cuadro. Es al mismo tiempo una fábula y un símbolo. En fin, en los cuadros de Franović, el color es el medio de una expresión arquetípica y mítica de valores civilizacionales», escribe Marina Baričević.

«El tiempo superficial él lo aquilata de manera totalmente inconvencional, adelantándose al tiempo mismo y poniendo en tela de juicio la sensibilidad de Europa, América, Israel...»

Sin embargo, la conquista pictórica de Lokrum, de las plantaciones de Dubrovnik, del paisaje de Palmižana –con los bosques que, permanenciendo vírgenes en todos los pormenores de su vivencia, se han vuelto intransitables– todo eso, aunque sin el buque Novara y su capitán Tegetthoff, no pudo sino llevarlo a las destinaciones carismáticas de Maximiliano, a los maravillosos jardines mexicanos. Él sí encontró sus propios jardines de agaves azules...

Tonko Maroević escribe que el pintor «una vez sintió la necesidad de expresar que el hombre se parece más a un vegetal o a un árbol que a un pájaro migratorio...» «Para mí sería ideal», continuó Franović, «que un solo lugar fuera capaz de acapararme».

El pintor en efecto encontró tal lugar, si bien en países y continentes distintos.

Adentrándose en la noche, alzó la cabeza hacia el cielo lleno de estrellas. En sus lienzos más recientes aparecen unos extraños seres alados –que semejan a pájaros o a peces o, incluso, a arcángeles– y que están revoloteando y chillando al mismo tiempo. Entre el cielo y la tierra, unas superficies agitadas se entrechocan uniendo el tenebroso Hado y el Olimpo estridente y brillante. Es el color rojo que arde y lo consume todo. Lo apacible se retira dando la primacia a lo violento.

En un lienzo todo aparece agitadísimo bajo las enormes alas de un monstruo poderoso; una ola se alza levantando a un hombre en un bote; es probable que un momento más tarde el hombre, aquel conquistador de la tierra y del mar, ya dejará de existir.

La isla, una circunferencia del imperio humano, en otro lienzo es totalmente negra – en sus alrededores el cielo es negro y todo eso desaparecerá en la profunda oscuridad. Por encima, todavía se ven las alas desplegadas de un monstruo triforme, en la parte baja del cuadro figuran enormes plantaciones de nopales.

En el tercer lienzo, los contornos negros y espinosos de un cactus gigante conquistan el centro de la imagen repujándolo todo al segundo plano. Son poderosos, majestuosos, terribles.

El Mediterráneo y su cuna griega eran benignos en comparación con las experiencias del resto del mundo.

Pero todas las experiencias de este mundo no pueden pararnos en este curso acelerado hacia el colapso propio, al que estamos involucrando también a cuantos nos rodean.

Antaño los hombres conquistaban la naturaleza para sobrevivir. En la actualidad los humanos sobreviven destruyendo la naturaleza que habían conquistado.

Hace ya mucho tiempo que los artistas dejaron de considerar como «lo más normal ir por el mundo recogiendo sensaciones» (Maroević), pues ya no les queda más tiempo para registrar la belleza que desaparece para siempre.

Aparte de unas catástrofes, poca cosa les quedará cuando se encierren entre sus cuatro paredes para «analizar lo acumulado, lo asimilado, lo sedimentado» (Maroević).

* * *

Colas de vidrio fundido y variopinto, como escamas relucientes del mar profundo, que se balancean en la brisa de un día calmo y perezoso. Los vientos del sur o del norte las hacen centellear y tintinear en voz alta – se acerca el temporal, la lluvia tan esperada para remojar la tierra seca y fragosa. Con el mistral suenan como campanillas, con el viento recio se produce un silbido agudo.

Las sirenas de Palmižana, unos seres salidos de la oscuridad en búsqueda de luz, que no se encuentran ni al comienzo ni al final de la trayectoria o del espacio.

Franović pinta, pero también funde el vidrio, produciendo unas formas peculiares. Ésas son sus «imágenes» en constante transformación. Las produce con los rayos solares, las sombras de pinos enormes, las siluetas lácteas de la noche.

Franović retuerce el hierro, corta los barrotes para modelar con metal todo tipo de frutas mediterráneas.

La granada, la fruta divina de fertilidad y de abundancia, plateada y reluciente. En la noche de vez en cuando se oye el grito fuerte de algún pavo real, un desagradable grito estridente y triste que interrumpe la armonía nocturna.

Una razón para inspirar terror.

Este texto fue escrito con motivo de la exposición titulada «Jardines de agaves azules» e inaugurada en septiembre de 2009 en Palmižana. Es como continuación de las exposiciones anteriores («El Edén oculto») celebradas en Dubrovnik, Zagreb, Ljubljana y Estambul. En la primavera de 2010 la exposición se trasladará también a Ciudad de México.


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